A Bronx Tale 1993 Spanish en Español

Posted by on July 19, 2012

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- ¿Tienes la nota?
– Sí, claro.
Sujétala bien.
Dos, tres, cuatro…
Esta es la sección Fordham
del Bronx: mi hogar.
Un mundo aparte.
Cualquier distrito
está a sólo 15 minutos…
pero parece estar
a 5 mil kilómetros.
Esa es la iglesia Monte Carmel.
El sonido de las campanas
llenaba el barrio.
Era 1960 y el “doo-wop”
era el sonido en las calles.
Para mí había un grupo
de “doo-wop” en cada esquina.
Qué época era.
Los “Yankees” jugaban contra los
“Piratas” en la Serie Mundial…
y Mickey Mantle
era como un dios para mí.
Papá y yo íbamos al estadio de
los Yankees para verlos ganar.
Ese es el “Chez Bippy”,
donde los muchachos se reunían.
Les hablaré sobre ellos
más adelante.
Ese es mi edificio.
Vivo en el tercer piso.
Calle 187, No. 667 Este.
Ese es mi pórtico.
Las noches cálidas de verano,
por todo el barrio…
se oía a los jóvenes italianos
cortejando a sus mujeres.
¡ Eh, Marie!
– ¡Entra al condenado auto!
– ¡No!
– ¡Entra al auto!
– Déjame en paz.
– Sabes que te amo.
– Sí, mentiras.
¡ Entra al condenado auto!
Y ahí mismo, bajo ese farol…
estaba el hombre número uno
del barrio: Sonny.
Todos querían a Sonny
y lo trataban como a un dios.
Y en mi barrio,
él era un dios.
Me sentaba en la puerta
y lo observaba, día y noche.
Pero él nunca me miraba.
Nunca, hasta un día.
– ¿Qué quieres?
– ¿Tienes lugar para nosotros?
Eso quisieras.
UN RELATO DEL BRONX
“Tienda de Caramelos
Juguetes – Bebidas”
– ¡Ay, rayos!
– ¡Vamos!
Ese es mi papá, Lorenzo Anello.
Su ruta de autobús era la calle
187. Me encantaba ir con él.
Ese soy yo, Calogero,
a los nueve años.
Hasta luego, papá.
Ve directamente arriba, hijo.
Esa es mi mamá, Rosina.
Conoció a mi papá en un baile.
Se enamoraron
y desde entonces están juntos.
Siempre estás escuchando.
Ten cuidado con ese jodido…
Vamos. ¡Derríbalo!
El “Chez Bippy”, donde
todos los muchachos se reunían.
¡ Fuera de aquí, carajo!
¡ Lárgate!
Tony “Tupé” sólo figuraba
como el propietario del bar.
En realidad,
era el local de Sonny.
Tony era un cantante frustrado.
Todos detestaban su voz.
Así que por despecho,
nunca expresaba una palabra.
Unicamente la cantaba.
Era Tony “Tupé”
por su asqueroso peluquín.
Eddie “Papilla”
era un jugador degenerado.
Era el perdedor
más grande del mundo.
Era “Papilla” porque todo lo que
tocaba lo convertía en papilla.
Necesito un ganador.
En el hipódromo, el cajero
le daba los boletos rasgados.
Tenía los “Yankees”. Perdieron.
Si no fuera por la mala suerte,
no tendría ninguna suerte.
JoJo, la Ballena.
Uno no caminaba con JoJo,
caminaba entre él.
Si observabas a JoJo, verías
que engordaba hora tras hora.
Según la leyenda, su sombra
una vez mató a un perro.
Lo llamaban
Frankie “Pastel de Café”…
porque su cara parecía
un pastel de café de “Drake”.
Era difícil mirarle a la cara.
Eh, muchacho, ¿cómo estás?
Su nombre era Jimmy “Susurros”.
Era la mano derecha de Sonny.
Lo llamaban “Susurros” porque
todo era un secreto para él.
Danny K.O. derribaba
a cualquiera…
y Bobby “Barras” pasó la mitad
de su vida detrás de ellas.
Este era el equipo de Sonny y
nadie se metía con esos hombres.
¿No te dijimos un millón
de veces que no vinieras aquí?
a que se entere tu padre!
– ¿Qué estabas haciendo aquí?
– Estaba buscando a papá.
¡Qué bonito!
Tengo que comprar algo
en la tienda. Espera aquí.
¿Me oyes?
Yo siempre trataba de imitar a
Sonny. Pero él nunca me miraba.
Sonny tenía cinco dedos…
pero sólo usaba tres.
Vamos. Ven. Rápido. Arriba.
No quiero bistec.
¿No? Adivina cuántas veces voy
con mi autobús ida y vuelta…
– para que podamos comer bistec.
– Siete.
– ¿Quién te lo dijo?
– Nadie. Las conté.
Tu padre quiere hablar contigo.
– ¿Sobre qué?
– Anduviste por el bar hoy.
– No es cierto.
– ¡Dile la verdad a tu padre!
– Anduve por el bar.
– ¿Por qué mentiste?
– Me arriesgué.
– Haz algo al respecto.
¿Qué debo decir?
Buen intento.
¡ Lorenzo, vamos, por favor!
¿Cómo puedo hacer que no vaya?
Está a un paso.
Papá tiene razón.
Escúchalo.
Cállate.
Nadie está hablando contigo.
Dame tu plato.
Quiero que me escuches.
No te acerques al bar.
Quédate en el pasillo.
Cuando seas mayor, comprenderás.
– Yo no entro ahí.
– ¿Mamá no te deja a ti tampoco?
– ¿Qué voy a hacer?
– Lo tengo todo el día.
Sólo estoy bromeando.
No me acercaré.
Mira qué tengo. Dos boletos,
Estadio de los Yankees, centro.
– ¿Detrás de Mick?
– Justo detrás del número 7.
– Ahora come tu bistec.
– ¡Sí!
Vamos, Alfie.
Ese es Phil, el Mercachifle.
A todos les decía “maricón”.
A mis amigos y a mí nos
encantaba romperle las pelotas.
“Brillantina” y el Loco Mario
eran mis mejores amigos.
“Brilloso” recibió el apodo
por su cabello.
Mario lo recibió
porque era simplemente loco.
Les romperé el culo,
banda de maricones.
¡ No se acerquen a la fruta!
¡ No toquen la fruta!
¡Jodidos maricones!
¡ Les romperé el alma, maricones!
¡A los tres!
¡ Les romperé el culo,
“rompepelotas” de mierda!
¡ No se acerquen a las verduras!
¿Qué se creen que es esto?
¡ Espera! ¡Pídele a tu madre y
a tu padre que te den de comer!
¡ Les daré una paliza madre,
malditos “rompepelotas”!
¿Cuántas conseguiste?
¡ Nunca dejas de pedir
dinero prestado!
Ay, caray, “Pastel de Café”
está en líos otra vez.
¿Qué debo hacer?
Le van a romper el culo.
Muchachos, atención.
Mario, ¿quién es éste?
Ese es Jimmy “Susurros”.
Más vale que hables con él otra
vez. Eres responsable por él.
Miren, esperen un minuto.
Es Sonny.
Acaba con alguien ahora, bocón.
A alguien fuerte,
como “Pastel de Café”.
– ¡No puedo pegarle a “Pastel”!
– Eso es difícil.
Pon una pantalla delante de
tu cara mientras le echo mierda.
Ay, carajo.
Estos negros tienen pelotas,
venir a nuestro barrio.
Sólo pasan de regreso
de la escuela.
– ¿Cómo carajo sabes tú?
– Papá me dijo.
Mi padre me dijo
que así es como empieza.
¡ Eh, fuera de nuestro barrio,
negros jodidos!
¡Vuelvan al lugar
de donde vienen!
¡Tienes suerte de estar
en ese autobús!
¡Vuelve al lugar
de donde vienes!
¡ No vengan a nuestro barrio!
¡ Les romperé el culo, carajo!
¿Por qué?
Nunca acabas, carajo.
¡ Lárgate de aquí!
Nadie es mejor que tú, Sonny.
¿Qué carajo te pasa?
– ¡Jódete!
– ¡Jódete tú, desgraciado!
¡ Hijo de puta!
¡Te partiré la cabeza, carajo!
¡Te partiré la cabeza, carajo!
¿Qué sucede aquí?
¡ Dame el revólver!
¡Quita el jodido auto!
¡ Rápido!
Cuando Sonny me miró,
quedé sordo.
No podía oír.
Lo único que veía era a Sonny
con el revólver en la mano.
¿Qué sucedió?
Papá, era sólo un espacio
para estacionar. No entiendes.
– Tesoro, ¿estás bien?
– Entra.
– ¿Qué sucedió?
– Estoy bien, mamá.
Ay, Dios mío, me asusté tanto.
No entiendes. Estaban peleando
por un espacio para estacionar.
No era por el lugar. Se vieron
en el momento equivocado.
– ¿Qué significa eso?
– Olvídalo.
El está bien.
Eso es lo importante.
No puedo creer
que alguien haga algo así.
¿Quién es?
La policía. ¿Esta es
la residencia de los Anello?
Sí. ¿Puedo ayudarle en algo?
Quisiéramos hacerle
algunas preguntas.
– ¿Sobre qué?
– ¡Abra la puerta!
Soy el detective Belsik.
Este es el detective Vella.
Hola, hijo. Señora.
Queremos hacerle
algunas preguntas a su hijo.
Hubo un tiroteo afuera.
Creemos que su hijo estaba ahí.
El no sabe nada.
Hay gente que lo vio.
Se equivocan.
El no sabe nada.
Podemos hacer las cosas
a las buenas o a las malas.
No me importa.
El no sabe nada.
Papá, yo sé todo.
Niños. A veces fantasean
que vieron cosas.
No lo elegimos por casualidad.
Sabemos que estaba ahí abajo.
Hijo, te diré lo que quiero
que hagas.
Baja con nosotros y tu papá.
Tenemos gente abajo.
Quiero que señales a la persona
que viste con el revólver.
Eso es todo. ¿Crees que puedes
hacer eso para nosotros?
Bien. Vamos. En marcha.
Sr. Anello, bajemos a la calle.
– No tardaremos.
– ¿El estará bien?
Todo está bien.
Regresarán en dos minutos.
Ahí está Lorenzo.
Muchachos, giren.
Ustedes dos,
quítense los sombreros.
Levanten la cabeza.
Hacia adelante. Miren hacia acá.
– ¿Es él?
– No.
¿ Y este hombre?
Mirando adelante, caballero.
¿ Y él?
Mirando adelante, usted.
¿ Y este hombre?
Dame una respuesta.
¿Era él?
¿ Y éste? ¿Este es el hombre?
Dame una respuesta.
¡ Eh! ¡Levanta la vista!
¿Qué me dices de este hombre?
Sigamos. ¡Eh, mira
hacia adelante! Aquí.
Mírame a mí. Eso es.
¿Este es el hombre?
– ¿Es éste?
– No.
Mira a este hombre.
¿Qué me dices?
¡ Eh! Mira aquí.
¿ Y este hombre? ¿Es él?
Dame una respuesta.
– ¿Está satisfecho, oficial?
– No.
– No sabe.
– Sí, sí, él no sabe nada.
– Dijo que no puede ayudarlo.
– Vaya a dar un paseo.
– Vamos. Vaya a dar un paseo.
– Vamos, hijo.
Pueden volver a respirar.
Salgan de mi vista.
– Los engañamos de veras, papá.
– Sí.
No delaté a nadie, papá.
No, no delataste a nadie.
Hice una cosa buena, ¿verdad?
Sí, hiciste una cosa buena
para un hombre malo.
Hice una cosa buena
para un hombre malo.
No entendí eso a los 9 años.
Lo único que sabía era…
que un soplón era lo peor que
uno podía ser en mi barrio…
y yo no lo delaté.
¿Por qué dijiste que hice una
cosa buena para un hombre malo?
Porque a veces uno debe
hacer cosas que no están bien.
¿Entiendes?
No. Es que pensé
que había hecho lo debido.
Ahora no estoy seguro
si fue así.
Hiciste lo correcto. Cuando
seas más grande, entenderás.
Tu madre y yo
te queremos muchísimo.
Mañana vienes en el autobús
conmigo. ¿Está bien?
“Bienvenidos A City Island”
City Island era la última parada
de la ruta de mi padre.
Era uno de nuestros
lugares preferidos.
Era como unas vacaciones
de todo un día.
Mi papá escuchaba jazz
y hablábamos de béisbol.
¿Puedo comer un helado?
Primero hacemos nuestro trabajo,
luego te compraré un helado.
Está bien, papá.
Toma.
– Juguemos el juego.
– Veamos qué bueno eres.
¿Qué jugador ganó la triple
corona por última vez?
Mickey Mantle.
Promedio de bateo:353.
Devoluciones: 130.
“Home runs”: 52.
– Eso está muy bien.
– Es el mejor jugador.
Joe D. es el mejor jugador
de la historia.
“Yankee Clipper”. Una racha
de 56 juegos consecutivos.
– Nadie superó eso. ¿ Verdad?
– Nadie superó eso, hijo.
– ¿Por qué Joe D. fue el mejor?
– ¿Porque era italiano?
– Bueno, eso es una parte.
– ¿Entonces por qué?
Porque era el que
más talento tenía. Eso es.
– ¿ Yo tengo talento, papá?
– Claro que sí.
¿Podré ser jugador de béisbol?
Podrás ser lo que quieras ser.
Lo más triste que hay en la vida
es el talento desperdiciado.
Si tienes talento y haces
lo que no debes, no pasa nada.
Pero cuando haces lo correcto,
suceden cosas buenas.
– ¿Me oyes?
– Tienes razón.
– Vamos a comprar ese helado.
– Bien.
– Yo cierro las puertas, ¿sí?
– Sí.
Listo. Cuidado.
– ¿Puedes?
– Puedo.
Toda mi vida mi padre habló
sobre el talento desperdiciado.
Apurémonos.
El juego está por empezar.
36.683 personas aquí
para ver el último partido…
de la Serie de 1960.
Y qué partido de béisbol
están viendo.
Moose Skowron, con ese tiro
directo a la tercera…
ha logrado su duodécimo tiro
de la Serie Mundial en 1960.
Piden tiempo.
Blanchard regresa…
Vamos, Sonny.
Una fuera, sin ayuda, a Nelson,
para terminar la sexta entrada.
El bateador Elroy Face…
mira a su compañero,
Hal Smith.
Se pone en posición.
La acomoda.
Es la primera para Blanchard.
Hasta luego, papá.
Ve directamente arriba
y mira el resto del partido.
No te quedes en la calle.
Eh, Lorenzo, ¿cómo estás?
Sigue manejando.
Quiero hablar contigo.
Tu hijo es un buen chico.
Gracias.
Sonny les agradece
lo que hicieron.
Está bien. Me alegra
que todo haya resultado bien.
El te ayudará ahora.
Nos dejas unos números
y ganas $150 por semana.
– Lo haces desde el autobús.
– Gracias, pero es municipal.
– Podría perder el trabajo.
– Piénsalo.
No puedo hacerlo.
$150 por semana.
¿No quieres pensarlo?
No puedo hacerlo.
No es para mí.
Sonny se va a decepcionar,
pero le daré tu respuesta.
Detén el autobús.
Quiero bajar.
– Me ofrecieron un trabajo hoy.
– ¿Haciendo qué?
Apuestas. Sólo tengo que dejar
un pedazo de papel…
y recibo 150 por semana.
¿Qué dijiste?
¿Qué crees?
Le dije que no era para mí.
¿Cómo?
No sé. ¿150 dólares?
Son sólo apuestas.
– ¿Crees que debía aceptarlo?
– No sé.
Te involucras con esos tipos,
y sin darte cuenta, 1, 2, 3…
Tal vez tengas razón.
– Voy a ver al chiquitín.
– Ven aquí.
– ¿Qué?
– Ven aquí.
¿Te arrepientes de estar casada
con un conductor de autobús?
Me enamoré de tu uniforme.
El día del funeral,
me sentí muy mal.
Me di cuenta que un hombre murió
y yo mentí y cometí un pecado.
Quería el perdón de Dios.
Bendíceme, padre,
porque he pecado.
Ha pasado un mes
desde mi última confesión…
y éstos son mis pecados: falté
a Misa del domingo dos veces…
mentí como testigo
de un asesinato…
– Comí carne un viernes…
– Espera. ¿Puedes volver atrás?
¿Comí carne un viernes?
Eso no. Un poquito antes.
– ¿Ser testigo de un asesinato?
– Sí, eso mismo.
¿Te das cuenta
de lo que dijiste?
Sólo fue una vez.
– ¿Sabes cuál es el 5to.?
– Sí, padre, lo sé.
“Me niego a responder
porque podría incriminarme…”
El quinto mandamiento.
“No matarás”.
Correcto. Ahora, quiero
que me digas lo que ocurrió.
No, padre,
no le diré nada a nadie.
No temas, hijo mío.
Nadie es más poderoso que Dios.
No sé. Su hombre es más grande
que el mío allá arriba…
pero el mío es más grande
que el suyo aquí abajo.
Tienes razón. 5 padrenuestros
y 5 Ave María.
¿Por un asesinato?
No está mal.
– ¿Qué dijiste?
– ¡Adiós, padre!
Era fantástico ser católico
e ir a confesarse.
Uno podía empezar de nuevo
todas las semanas.
¡ Eh, muchacho!
Sonny quiere verte. Nadie
se va a llevar esa bicicleta.
Son buenos chicos.
Hicieron un trabajo para mí.
– Recíbelos.
– Tú decides.
Aquí está el muchacho, Sonny.
Entra. No tengas miedo.
¿Cómo estás, muchacho?
Bien.
Por fin nos vemos cara a cara.
¿Tienes miedo de mí?
– No.
– Eso está bien.
¿Cómo te llamas?
Calogero.
Es un nombre grande.
¿Tienes un apodo?
– ¿Cómo te llaman tus amigos?
– Calogero.
Eso tiene sentido.
¿Eres un fanático
de los Yankees?
Siéntate.
Ven aquí.
Siéntate a mi lado.
Debes estar muy molesto
ahora que los Yankees perdieron.
Bill Mazeroski, lo odio.
Hizo llorar a Mickey Mantle.
Los periódicos dicen que lloró.
¿Mickey Mantle?
¿Por eso estás molesto?
Mantle gana $100 mil por año.
¿Cuánto gana tu papá?
– No sé.
– No sabes.
Si tu padre necesita dinero,
ve a pedirle a Mickey Mantle.
Mickey Mantle no se preocupa por
ti. ¿Por qué te preocupas tú?
A nadie le importa.
¿Puedo preguntarle algo?
Claro.
¿Le disparó a ese hombre
por el espacio para estacionar?
Cuando seas más grande,
comprenderás.
A partir de ese día, no volví a
sentir lo mismo por los Yankees.
Empecé a pasar mucho tiempo
con Sonny.
Venía de la escuela y me
escabullía cada vez que podía.
Les servía café
por las propinas.
– ¡Apuestas!
– Apuesto 100.
¡Vamos, Sonny!
¡ Hijo de perra!
Debería romperle el brazo.
Toma, muchacho, para ti.
– Préstame 100.
– ¡Ya sabes qué sucederá!
– ¡Puedo sentirlo! ¡ Por favor!
– Dame 100.
– ¡Yo juego, yo juego!
– Adelante. Dale los dados.
Dale los dados.
– Hace un calor de mierda.
– Vamos, Papilla, una donación.
– Termina de una vez, Papilla.
– Vamos, dados.
El hijo necesita zapatos nuevos.
¡Vamos, un siete!
¡Vamos! ¡Vamos, dados!
– ¡Y siete!
– Ni siquiera tengo que mirar.
– ¡Perdí! ¡Perdí!
– Vete de aquí.
¡Sáquenlo de aquí!
¡ El hombre nunca acierta
un jodido número en su vida!
Traigan los dados para acá.
¿Dónde está el niño?
– Pon el café en mi cuenta.
– Sí. Lárgate ya.
¿Dónde está el niño? El niño
va a tirar los dados por mí.
¡Sonny, no dejes que el chico
tire los dados!
– ¿Tienes un problema con eso?
– Ningún problema.
Quiero que arrojes los dados.
– No sé jugar.
– No importa. Sólo escúchame.
¿Oyes lo que dije?
Pon 500 por el muchacho.
¡Tengo 100 aquí!
¿Puedes dejar de apoyarte
encima mío, por favor?
– Me estás respirando encima.
– ¡Eh, JoJo, tranquilo!
Estoy tratando
de hacer una apuesta.
Hay que chocar contra la pared.
Puedes hacerlo. Choca la pared.
– Puedes hacerlo.
– ¡Espera, espera, espera!
Apuesto por Sonny.
No quiero que tu dinero
toque el mío.
¿Qué, acaso es falso? ¿Mi dinero
ya no sirve? ¿Por qué?
¡ Porque traes mala suerte,
por eso!
¡Mételo en el baño!
¡Sácalo de aquí!
¡ Entra ahí, jodido perdedor!
¡ Déjalo ahí adentro!
Tira los dados.
Hay mucho dinero sobre ti.
Vamos.
– Danos un siete. Vamos.
– Tira los jodidos dados.
Pon mil al siete.
Puedes hacerlo, ¿está bien?
Puedes hacerlo. Tú…
¡ Deja de respirarme encima,
carajo! ¡Me estás matando!
Estoy en una racha ganadora.
¡ No me respires encima!
– Mételo en el baño.
– Eddie está ahí. No va a caber.
¡Me importa un carajo!
¡Mételo ahí adentro!
– Dame un siete.
– Choca la pared.
¡Arroja los jodidos dados!
¡Tenemos un cuatro!
Eso está bien.
Cuatro es lo que tenemos.
– ¡Vamos! ¡Tira los dados!
– ¡Denle otra oportunidad!
¿Qué tiene de malo este dinero?
¿Qué tiene, es falso?
500 dicen que el chico
logra un cuatro.
500. Hagan sus apuestas.
– 22 en el cuatro.
– Pongo 100.
– ¿Quién quiere tapar el 4?
– 140, sin tapar.
140, sin tapar.
– Digo que logra el cuatro.
– Nunca.
– Vamos. Puedes hacerlo.
– Está bien, tiraré un siete.
– ¡Siete, no!
– ¡Sí! ¡Dame un siete!
– ¡Cállate!
– ¡Silencio!
– ¿Puedes creer a este chico?
– Nadie se ríe de este chico.
Los siete no sirven ahora.
– Choca la pared.
– Saca un cuatro.
Tienes que lograr el punto.
Frankie Pastel de Café,
lo lamento.
No puede mirar esa cara
cuando va a tirar mis dados.
Traigan una toalla.
Póngansela sobre la cabeza.
No quiero una toalla
sobre la cabeza. Es vergonzoso.
Mételo en el baño.
Un minuto. ¡Tengo dinero aquí!
¡ Lárgate, carajo!
Mételo en el baño.
Tú ven aquí.
– El canalla nos encierra aquí.
– Muy denigrante.
Necesito ese punto. ¡Escucha!
¿ Ves ese dinero que está ahí?
¿ Ves ese dinero?
¿ Vamos a hacer este punto?
Vamos. ¡Eso es!
– ¡Vamos!
– Necesito un 2-2 en el cuatro.
¡ Eh, no te hagas el presumido!
Chiquillo de mierda.
Haz el punto y ya. Vamos.
¡ No puedo creerlo!
¡ Lo hizo!
Once. Hice once pases
consecutivos.
No sé cuánto dinero ganó Sonny,
pero era un montón.
Dijo que mi viejo trabajador
era un tonto…
y que yo iba a la mejor escuela:
la Univ. de la Avda. Belmont.
Recibía dos formas de educación:
la de la calle y la de escuela.
De esa manera sería dos veces
más listo que los demás.
Eh, muchacho, muy bien.
– Gracias.
– Toma.
¿Eso es todo?
Toma.
¿Está bien?
– Ve a casa. Ya es tarde.
– Hasta luego.
Escucha.
Tenemos que arreglarte
el nombre.
De ahora en adelante, serás C.
– ¿C?
– Eso es. C.
Ve a casa.
Hasta pronto, Sonny.
Sonny me llevaba a todos lados y
me presentaba como su muchacho.
Noté que empezaron a suceder
cosas extrañas en el barrio.
Eh, Calogero, ven aquí.
Quiero hablar contigo.
Mi nombre es C.
Digo C.
– ¿Cómo estás hoy, hijito?
– Bien.
Tengo buenos duraznos
para tu mamá.
No tengo dinero.
No necesitas dinero conmigo,
muchachito.
No vuelvas a avergonzarme así.
Sólo dile a Sonny
que me ocupé bien de ti.
Me di cuenta que todos eran
tan amables a causa de Sonny.
Me gustaba.
Me gustaba mucho.
Mamá, mira lo que tengo.
Unos duraznos…
gratis.
– ¿Qué es esto?
– ¿Qué es qué, papá?
¿De dónde sacaste esto? Tu mamá
lo encontró en tu cuarto.
Estuve ahorrando.
¿$600? ¿Te convertiste en un
neurocirujano de pronto, hijo?
Dile a tu padre
cómo lo conseguiste.
– Me lo gané trabajando.
– ¿Haciendo qué?
– Cosas.
– ¿”Cosas”? ¿Qué quieres decir?
Ah, cosas. Tú sabes, cosas.
No mientas. Di la verdad
y no voy a enojarme.
– ¿Me lo prometes?
– Si no, no te lo diría.
Trabajo en los juegos de dados
por las propinas.
– ¿Juegos de dados?
– ¿Qué juegos de dados?
¿Qué juegos de dados?
– ¿Qué juegos de dados?
– Dijiste que no te enojarías.
Mentí. Dime.
– Para Sonny por propinas.
– Lo sabía.
¿No te dijimos que
no te acercaras a ese bar?
– Pero me lo gané trabajando.
– ¿Trabajando?
– Voy a devolver este dinero.
– Mejor pensémoslo.
– ¿Qué estás diciendo?
– El dinero podría servirnos.
Tú sabes de dónde viene
este dinero.
No quiero que él tenga
esta clase de dinero.
– Se acabó. Vamos.
– Espera un momento. Escúchame.
¿Por qué tienes que ir así?
¡Mejor cálmate!
¡ Lorenzo, por favor!
Odio esto.
– ¿Está Sonny aquí?
– Creo que está atrás.
No podemos aceptar eso.
Tu hijo se lo ganó.
Eso. Mi hijo. No quiero que esté
envuelto en lo que sucede aquí.
¿Envuelto en qué?
Por favor, no soy estúpido.
– No te acerques a mi hijo.
– Eh, quédate aquí.
C, ve afuera.
Yo le hablo a mi propio hijo.
Calogero, espera afuera.
Primero, yo te respeto, Lorenzo.
Eres un hombre honrado.
Pero jamás vuelvas a hablarme
de esa manera.
Yo le digo a tu hijo
que vaya a la escuela…
No es lo que le dices, es
lo que ve… ropa, autos, dinero.
Tiró sus tarjetas de béisbol…
porque Mickey Mantle
jamás pagaría mi alquiler.
¿El dijo eso?
Ese niño es increíble.
No es gracioso cuando su cuenta
bancaria es mayor que la mía.
Te ofrecí trabajo.
Dijiste que no.
Y digo que no ahora.
Deja a mi hijo en paz.
¿No ves que trato a ese niño
como si fuera mi propio hijo?
No es tu hijo.
¡ Es mi hijo!
– ¡Fuera de aquí!
– No te tengo miedo.
– Deberías.
– Sé lo que tú puedes hacer…
y jamás cruzaría esa línea…
pero esta vez, estás equivocado.
¡ Es mi hijo, no el tuyo!
¿Quieres pelear? ¡Sal de aquí
o recibirás una jodida golpiza!
¡ No te acerques a mi hijo!
– ¡No me importa quién seas!
– ¡Fuera de aquí!
– ¿Dónde está mi dinero?
– Lo dejé ahí.
¡ Era mío!
¡ Ese dinero es malo!
No puedes tenerlo.
– ¡Me gané ese dinero!
– ¡No te acerques a él!
– ¡Por favor, escucha!
– ¡No te acerques a él!
– ¡Papá, escúchame!
– ¿Me oíste? ¡No te acerques!
Sonny tenía razón.
El trabajador es un tonto.
¡ Equivocado! Apretar un gatillo
no requiere fuerza.
¡ Levantarse cada día y trabajar
para comer! ¡Que pruebe eso!
Veremos quién es realmente duro.
El hombre trabajador es duro.
¡Tu padre es el duro!
Todos lo quieren, como
te quieren a ti en el autobús.
No, no es lo mismo.
La gente no lo quiere. Le teme.
Hay una diferencia.
– Lo siento.
– No entiendo, papá.
Lo entenderás.
Lo entenderás cuando seas mayor.
Lamento haberte golpeado.
– ¿Me encargo de él?
– No, déjalo en paz.
Sonny y mi padre jamás volvieron
a dirigirse la palabra.
Nunca obedecí a mi padre
sobre no acercarme a él.
El bar estaba tan cerca. Me
escabullía cada vez que podía.
Pasaron 8 años. Yo crecía
y el poder de Sonny crecía.
Se convirtió en un jefe
y yo era su amigo.
“Hipódromo Aqueduct – 1968″
Ya era el año 1968.
Dion encabezaba las tablas.
Los Beatles estaban cambiando
nuestros estilos de vida.
Los Yankees estaban en último
lugar y no me importaba.
Había cambios en todas partes,
pero mi barrio era el mismo.
¡ Largaron!
¡ “Criptonita” largó a la cabeza!
– Por afuera…
– ¡Aquí está el muchacho!
– ¡C! ¿Pudiste apostar?
– Sí. Todo a “Criptonita”.
– Tú los tienes.
– Mira cómo corre ese caballo.
– Vamos. ¡No dejes la punta!
– ¡Mira cómo avanza éste!
– ¡Este caballo no puede perder!
– ¡Puedes hacerlo, “Criptonita”!
Es seguro. Ni siquiera
te preocupes. No podemos perder.
No voy a mirar porque sé
que no podemos perder.
– ¡Mira! ¡Se está alejando!
– ¡Vamos, “Criptonita”!
¡Vamos, “Criptonita”! ¡Míralo!
Olvídalo. Se acabó.
Todo terminó.
¡ Eso es!
– ¡Eso es, “Criptonita”!
– ¡Vamos, “Criptonita”!
¡Tráeme suerte!
Vamos. ¡Tráeme suerte!
¡Vamos, “Criptonita”!
¡ No te rindas!
– ¡Ay, mierda!
– ¡Vamos! ¡Vamos!
¿El apostó al jodido caballo?
¿Apostó a “Criptonita”?
Dame los boletos.
Pero, Sonny, estamos ganando.
No podemos ganar. El maléfico
“Papilla” apostó a “Criptonita”.
– Llevamos 5 largos de ventaja.
– Vamos. Nos hicieron “papilla”.
Vamos. Tengo que alejarme
de este jodido desgraciado.
– ¡Vamos, uno!
– ¡Maldito pájaro de mal agüero!
Vamos. ¡Todavía puedes hacerlo!
Vamos, “Criptonita”.
¡Todavía puedes lograrlo!
– ¡Resiste!
– Vamos. ¡Mantén la delantera!
¡ No te rindas!
¡Carajo!
– ¡Carajo! ¡Estaba tan cerca!
– ¡No puedo creer que perdí!
¡ No puedo creerlo, carajo!
Eh, C, tengo un dato
para la próxima carrera.
¡Vete al carajo!
Eres muy emocional.
¡ “White Birch” gana
sorprendiendo a todos!
“Club Social de Fordham
Los Dados Errados”
Finalmente conseguimos
nuestro propio club social.
Lo llamamos “Los Dados Errados”.
Los tragos costaban un dólar
y la rocola pagaba el alquiler.
Lo único que nos interesaba
era pasarla bien.
Faltábamos a la escuela
y pasábamos ahí día y noche.
Nadie quería irse a su casa…
porque uno se iba y descubría
luego que se había perdido algo.
Mira esos bomboncitos allá.
¡Son hermosas!
¡ Eh, tú, ven aquí!
¡Ven aquí!
Guárdalo otra vez.
– Esas dos chicas son cerdas.
– ¿Cómo lo sabes?
– Vete al carajo, C.
– ¿Cómo diablos lo sabes?
– Fallarían mi prueba enseguida.
– ¿Qué prueba?
Si quieres casarte, la muchacha
tiene que pasar la prueba.
– La llamo la prueba de Mario.
– Tengo que oír esto.
La prueba es así:
llevas a una chica en tu auto.
Te acercas a un camión
de 18 ruedas en la carretera.
Te pones a su lado y le llamas
la atención al conductor.
Tocas bocina. Te aseguras que
esté mirando. Eso es importante.
Al mismo tiempo, pones la mano
sobre la cabeza de la chica…
y le empujas la cabeza hacia
abajo, entre tus piernas.
– Vete al carajo.
– Es por su propio bien.
Bien, si la muchacha
te la chupa…
sabiendo que el camionero
esta mirando…
entonces es una cerda
y no puedes confiar en ella.
Eres un maniático enfermo.
Si mientras están en eso,
se echan el cabello hacia atrás.
Ya lo hicieron antes.
Créeme, son profesionales.
Es la segunda vez
que esos negros pasan hoy.
– ¿A quién carajo le importa?
– A mí, a mí me importa.
¿Te molestaron? No.
¡ Hoy es un auto, luego dos,
luego es el barrio de ellos!
– Luego joden a nuestras chicas.
– No tienen que estar acá. Punto.
Invítalos a entrar.
Ofréceles algo de beber.
Reviéntales la cabeza.
¿Quieres hacerlo?
Hazlo. ¡Luego regresa!
¿Louie? ¡Ven aquí!
¿Dónde está mi dinero?
Tengo que hacer esa cosa.
No puedo…
Este tipo me debe 20 dólares.
Ya pasaron dos semanas.
¡ No podrás evitarme eternamente!
Pedazo de mierda.
Enseguida regreso.
– Está bien, nos vemos.
– Regresa.
Ven a dar un paseo conmigo.
– ¿Tengo que hacerlo?
– Sí, tienes que hacerlo. Vamos.
Siéntate aquí.
Esta música
me da dolor de cabeza.
Los chicos de hoy ni siquiera
saben qué es la buena música.
Esto es buena música.
¿Quieres ir conmigo a ver
la pelea mañana?
¿Me estás escuchando?
¿No puedes llamarme C?
Todo el mundo lo hace.
Calogero era el nombre de
tu abuelo, el nombre que te di.
Por eso no puedo llamarte C
o como sea.
¿Quieres ir a ver la pelea?
– ¿Puedo contestarte mañana?
– ¿Quieres ir o no?
– Está bien, iré.
– No lo digas así.
No quiero obligarte.
No me hagas un favor.
“Tienda de Discos”
Era alta, era hermosa…
y tenía clase.
Pero era negra.
Y eso era un “no-no”
en mi barrio.
– Jackie, ¿cuál es la primera?
– A las 2:00, muchachos.
– Dos. El número de tu amigo.
– ¿De quién?
– Tu compinche.
– No me fastidies.
– ¿Johnny Biscord apostó al 228?
– Eso es.
– ¿Otra vez?
– Otra vez.
Tendré mejor música
la próxima vez.
Estaba bromeando.
Está bien, papá.
Hasta luego.
– ¡Louie!
– Mi abuela está enferma.
Hablaré contigo más tarde.
Tengo que hacer algo.
¿Dónde está mi plata?
– ¡Estás muerto, infeliz!
– ¡C, ven aquí!
– Ven aquí.
– Está loco este muchacho.
El chico quiere su plata.
¿Qué puedes hacer?
Tengo que hablar con él
y dejar de ser su niñera.
Me debe dinero.
– Dale con un jodido bate.
– Golpéalo por toda la cuadra.
¿Ese es el consejo que le dan
al chico, jodidos matones?
Vamos. No escuches
a estos matones.
Voy a lo de Gino.
Regreso enseguida.
¿Qué pasa?
Este Louie Dumps
me debe 20 dólares.
Ya pasaron dos semanas
y trata de evitarme.
Se convirtió en un problema.
¿Le doy una buena lección?
¿Qué pasa?
¿Qué te estuve diciendo?
A veces lastimar a alguien
no es la respuesta.
– ¿Es un buen amigo tuyo?
– No, ni siquiera me cae bien.
Ahí tienes tu respuesta.
Te cuesta 20 dólares
librarte de él.
Jamás volverá a molestarte
ni a pedirte dinero.
Queda fuera de tu vida por
20 dólares. La sacaste barato.
Siempre tienes razón.
Si fuera así, no habría pasado
10 años en la cárcel.
¿Qué hacías todos los días?
Sólo puedes hacer
tres cosas ahí:
levantar pesas, jugar a
las cartas o meterte en líos.
– ¿Qué hacías tú?
– Leía.
¿Qué leías?
– ¿Oíste de Maquiavelo?
– ¿Quién?
Es un famoso escritor
de hace 500 años.
Disponibilidad.
Eso es lo que él siempre decía.
– ¿Disponibilidad?
– Eso es. Escúchame.
¿Sabes por qué vivo
en este barrio?
Disponibilidad.
Quiero estar cerca de todo…
porque al estar en el lugar,
puedo ver el problema enseguida.
Un problema es como un cáncer.
Tienes que descubrirlo temprano.
De lo contrario se hace grande
y te mata.
Tienes que extirparlo.
Estás preocupado
por Louie Dumps.
A nadie le importa.
Preocúpate por tu familia, por
ti, por la gente que quieres.
Y todo se resume en eso:
disponibilidad.
La gente que me ve todos
los días, que está de mi lado…
se siente segura porque sabe
que estoy cerca.
Eso les da una razón más
para quererme.
Los que quieren hacerme daño,
lo piensan dos veces…
porque saben que estoy cerca.
Eso les da una razón más
para temerme.
¿Es mejor ser querido o temido?
Esa es una buena pregunta.
Es bueno ser las dos cosas,
pero es difícil.
Pero si yo pudiera elegir…
preferiría ser temido.
El temor dura más que el amor.
Las amistades compradas
con dinero no significan nada.
Hago una broma, todos se ríen.
Soy gracioso,
pero no tan gracioso.
El miedo los mantiene leales a
mí. El secreto es no ser odiado.
Trato bien a mi gente. Pero si
doy demasiado, no me necesitan.
Así que doy lo necesario para
que me necesiten, sin odiarme.
No olvides
lo que estoy diciendo.
Sonny, tengo unas chuletas
de ternera maravillosas hoy.
Tengo muy buenos linguini…
y tengo una salsa especial.
No están vestido apropiadamente.
Tendrán que irse.
¿Qué tiene de malo
la ropa que llevo?
Estos señores no están
bien vestidos. Tendrán que irse.
¿Hay algún problema?
Actúa como si nuestro dinero no
fuera bueno. Queremos cerveza.
Cerveza, ¿eso es todo?
Eso es todo. Seguiremos nuestro
camino. No queremos problemas.
Habló como un caballero.
Dales sus cervezas.
– Le agradezco.
– Ningún problema.
Aquí tienen.
¿Hay una cervecita para mí?
Bien fría.
Dos aquí, ¿sí?
Una cerveza más.
Tenemos gente sedienta aquí.
Muy bien, hermanos. Propongo un
brindis por nuestro anfitrión.
¡ En el nombre del Padre,
del Hijo y del Espíritu Santo!
¡Mójate, basura italiana!
¡Miren toda esta mierda
encima mío!
Tú otra vez, ¿eh?
Eso no estuvo bien.
Ahora tienen que irse.
Yo te diré cuándo carajo
nos iremos. Lárgate, ahora.
Ve a vigilar las motos, viejo.
– ¿Qué ocurre aquí?
– ¡Vamos!
– Esto está medio vacío.
– ¿Qué es esta mierda?
¿Qué pasa aquí?
Ahora no pueden irse.
Jamás olvidaré
la mirada en sus caras.
Los ocho.
Se les “cayeron” las caras.
Todo su coraje y fuerza
se esfumó de sus cuerpos.
Tenían fama
por destrozar bares.
Pero, en ese instante, supieron
que cometieron un error fatal.
Esta vez, entraron
al bar equivocado.
¡Muy bien, cabrones!
¡ Le partiremos la cabeza!
¡ Le pisaré la cabeza!
¡Sáquenlos de aquí!
¡ Llévenselos! ¡ Rápido!
¡Cuidado con mi auto!
¡Jodidos “punks”!
¡Atrápenlo! ¡Agarren
a ese bastardo peludo!
Que los chicos los maten.
– ¡Pégale!
– ¡Vamos, vamos!
¡ Patéale la cara!
¡Toma, hijo de puta!
Mírame.
Yo soy el que te hizo esto.
No te olvides de mí.
¡Vamos, Sonny!
¡Vámonos, muchachos!
– ¡Arruinaron mi almuerzo!
– ¡Vámonos de aquí!
Déjalos ahí
como los perros que son.
¡Me arruinaron todo
mi jodido almuerzo! ¡Vamos!
Miren este revólver.
Es un.45.
Esta cosa podría detener a un
elefante manejando un camión…
y al camión también.
Nicky Cero era
el ladrón del barrio.
Su madre lo llamó Cero porque
dijo que nunca llegaría a nada.
Es demasiado grande.
¿Dónde lo esconderás?
– Entonces quieres éste.
– Lo pueden ver.
– Necesitas esto.
– ¿Qué pasa contigo?
No me apuntes con un revólver.
Tiene el seguro.
No voy a matarlos.
Nunca hagas eso.
Ahora déjame ver el revólver.
Esto es para ti.
Esto es distinción.
¿Qué es esto?
Déjame ver esto.
Se siente bien.
Ahí tienes. Tócalo.
Quiero matar a alguien,
¿entiendes lo que digo?
Yo también quiero matar a
alguien. Ese es el revólver.
¿Qué están haciendo?
¿Qué sucede?
¿Eres estúpido o qué?
¿Eres jodidamente estúpido
o qué?
¿Qué pasa contigo,
vendiendo revólveres aquí?
Vas a convertir este lugar
en un garito y nos arrestarán.
¡Vete de aquí!
– Quédense ahí. No se muevan.
– Sonny.
No quiero revólveres. ¿Me oyen?
¡ Fuera de aquí!
¡C, ven aquí!
Ven aquí.
Quiero hablar contigo.
– Sonny, préstame 500.
– Mañana.
¿Crees que eres un tipo duro
con estos revólveres? ¿Eso es?
No, pero después de lo que pasó
en el bar, pensé…
¿Crees que un revólver
te convierte en un duro?
Vi a muchos hombres
con revólveres mearse encima.
Es cuando el otro saca
su revólver.
Entonces se ve cuál es el duro.
Tú no entiendes.
Yo sí entiendo.
Esta mierda no es para ti.
Esos chicos te meterán en líos.
Pero son mis amigos.
Son idiotas.
Mírame.
Idiotas.
Y “Brillantina”
es el idiota mayor.
¿Qué te he dicho?
“Quédate en la escuela. Recibe
dos formas de educación”. Lo sé.
Correcto.
No hagas lo que hago yo.
Esta es mi vida, no la tuya.
Yo hago lo que tengo que hacer.
Esto no es para ti.
Está bien. Lo siento.
¿Quieres ir a ver la pelea
conmigo mañana?
No sé.
Tengo un muy buen peso mediano.
Ven conmigo.
Nos sentaremos en primera fila.
Me gustaría ir, pero le dije
a mi papá que iría con él.
Sabes donde estaré sentado.
Ven a saludarme.
– Está bien.
– Sabes donde estaré sentado.
Siéntate.
Buenos lugares. Espero que
no me hagan sangrar la nariz.
Esto fue lo mejor que conseguí.
¿Qué quieres?
Estoy bromeando.
Hola, C. ¿Cómo estás?
Hola, Lorenzo.
¿Cómo estás?
Sonny tiene un par de asientos
en primera fila. Bajen.
Dile que le agradezco,
pero estamos bien aquí.
Dile a Sonny que le agradezco,
pero estamos bien aquí.
Pueden venir cuando quieran.
Saben dónde están los asientos.
En cualquier momento. ¿Bueno?
Está bien. Gracias.
Presentamos a los protagonistas
del evento principal de hoy.
Tiene asientos para nosotros.
Trata de ser nuestro amigo.
Me gusta mi asiento. Lo pagué.
Si quieres bajar, adelante.
Adelante. Ve allá abajo.
¡ Den la bienvenida a
Eric “El Hombre Roca” Holland!
Yo te traigo y tú quieres
ir con ellos. Pues, anda.
¿Crees que quiero estar contigo
cuando quieres estar con ellos?
Del Bronx, Nueva York…
¿Cómo crees que eso
me hace sentir?
¡Joe Carey!
Perdona si te lastimé, papá.
Todo lo que
te he estado diciendo.
Me estuvo evitando. Cuando
lo vea, le romperé la cara.
– ¿Te cae bien?
– ¡Es un idiota!
10 dólares. La sacaste barata.
Está fuera de tu vida.
De todos modos,
le romperé la jodida cara.
No podía creerlo.
Ella estaba frente a mí.
Nunca la olvidé desde que la vi
en el autobús de mi padre.
Quería hablar con ella, pero
estábamos con nuestros amigos.
Sólo tengo ojos
Para ti
Mi amor
Este jodido “doo-wop”. Quiero
estrangular a uno de ellos.
Mi amor debe ser una especie
de amor ciego
Sólo tengo ojos para ti
– Vamos a comprar algo de comer.
– Este gordiflón se comió todo.
¿Qué pasa contigo?
Siempre estás comiendo.
– Tenía hambre.
– ¿Leíste lo de los ciclistas?
– No.
– Estaba leyendo el periódico.
¿ Viste como Jimmy les pegaba?
¿ Y Danny con ese caño?
– No sé.
– Vámonos de aquí.
– ¿Quieres irte?
– Sí, vámonos.
Vamos, C.
– No puedo ir. Tengo una prueba.
– Al carajo la prueba.
Me la perdí la semana pasada.
¿Estás seguro? Está bien.
Estaremos en Los Dados.
Acaso brillan las estrellas
No sé si hay nubes
o brilla el sol
Sólo tengo ojos
Para ti
Mi amor
Estábamos solos por primera vez.
Tenía que decirle algo.
Esta oportunidad podría
no repetirse jamás.
Quería mostrarme interesante,
pero ni su nombre sabía aún.
Me dije a mí mismo: “Debe tener
un nombre exótico…
como Monique o Danielle”.
¿ Vienes a esta escuela?
Soy Jane.
– ¿Jane? ¿Ese es tu nombre?
– Sí. ¿Qué tiene de malo?
Nada. Es un hermoso nombre.
Me encanta ese nombre.
Recién me mudé aquí.
Te vi en el autobús
el otro día.
¿ Y tú eres?
Calogero.
¿Cómo?
– ¿Qué clase de nombre es ése?
– Es italiano.
En realidad, es siciliano.
Mi familia es de Sicilia.
¿Sicilia?
¿Sabes dónde está Italia?
Es la bota que entra al mar.
La isla de al lado que parece
que recibe el puntapié…
es Sicilia.
– Me gustan los italianos.
– ¿De veras?
¿Estás esperando a alguien?
– Sí.
– Ah, sí.
Muy bien.
Entonces, mejor me voy.
Espera.
Estoy esperando a mi hermano.
A veces caminamos juntos
hasta casa.
Si no es un problema,
yo puedo acompañarte.
Vivo en la Avda. Webster.
¿Está bien?
No es ningún problema.
Vamos.
¿Entonces esperas a tu hermano?
– Eso es fantástico.
– ¿Qué tiene de fantástico?
¿Qué tiene de fantástico?
Es fantástico.
¿De dónde sacaste ese sombrero?
– ¿No te gusta este sombrero?
– Se ve gracioso.
Quizás se vea mejor
de otra manera. Sujeta esto.
Tienes ojos hermosos.
Gracias. Tú también.
Así está mejor.
¿Quieres ir al cine?
¿Quieres ir al cine conmigo?
Sí. Te dije que
me gustaban los italianos.
¿Quieres ir ahora mismo?
No, claro que ahora no.
¿Qué te parece mañana?
A las 6:00.
Nos encontramos en la puerta.
Estaré esperando aquí
hasta mañana entonces.
Ah, lo siento. Digo,
nos vemos mañana en la puerta.
Perdona que diga cosas
estúpidas. Estoy tan nervioso.
No estás diciendo cosas
estúpidas. Estás bien.
¿Te parece?
¿De dónde eres originalmente?
– De Brooklyn.
– ¿Qué parte?
– El este de Nueva York.
– ¿Dónde es eso?
Es lejos. Muy lejos.
– Tengo parientes en Brooklyn.
– ¿De veras?
– Supongo que son italianos.
– Sí.
Era de suponer.
– ¿Cómo es tu apellido?
– Williams.
Muy fácil. Muy simple.
Jane Williams.
Es un nombre fácil de decir.
No puedo decir el mío
con esa facilidad.
Espera. Déjame ver.
¿Calogero Anello?
– Sí.
– Lo dije.
Mis amigos me llaman C.
Me gusta más Calogero.
Estos libros son pesados.
Por eso me alegra
que los estés llevando tú.
Bueno… creo que llegamos.
– De veras la pasé muy bien.
– Yo también.
– Creo que eres muy amable.
– Gracias. Tú también.
Gracias.
Lamento no poder acompañarte
hasta tu casa.
Está bien.
Vivo a una cuadra de aquí.
– ¿Te veré mañana?
– Mañana.
¿Mañana a la noche? ¿A las 6:00?
Estás mejorando.
Sólo quería estar seguro.
Bueno… adiós.
Adiós.
¿Qué pasa, cabroncito blanco?
Ese dedo salió tarde.
¿Salió tarde, viejo? Dime.
¿De qué hablas?
¡Vamos! ¡Este desgraciado
me está ganando mi dinero!
Voy a maldecirlo ahora.
No volverá a ganar.
Se llevó todo mi dinero.
¿Cómo voy a jugar?
No va a ganar más. Miren.
¿Qué carajo, viejo?
¿Estos negros jodidos no pueden
pasear en su propio barrio?
Déjalos en paz.
¿Qué pasa contigo y estos negros
últimamente?
– No molestan a nadie.
– Me molestan a mí.
A mí, no.
¡ Este es nuestro barrio,
bastardo negro!
¡Vamos a enseñarles
a estos negros!
¡ Lárguense de nuestro barrio!
– ¡Vámonos de aquí!
– ¡Agárrenlo!
¡ Bastardo negro!
¡C, ven aquí!
¡ Déjame en paz!
¡Sujétalo, C!
¡Sujeta al hijo de perra!
– ¡No te levantes!
– ¡Yo no hice nada!
No voy a lastimarte. No te
levantes. No quiero lastimarte.
¡ Denle bien!
¡ Hijo de puta!
¿Qué estás haciendo?
¿Bailas con él?
Váyanse, bastardos locos.
Viene la policía.
Los veo. ¡Corran!
– Veo las luces.
– ¡Suéltalo!
¡ Llamaron a la policía!
¡Vámonos!
¡ Llamaron a la policía!
¿Qué estás haciendo?
– ¡Vas a matarlo!
– No me importa.
¡Quiero matarlo!
– ¡Viene la policía!
– ¡AI carajo!
¡ Llamaron a la maldita policía!
¿No te dije que “Brillantina”
te traería problemas?
Sí, pero es mi amigo.
El es tu amigo.
Yo soy tu amigo, muchacho.
Estás dejando que te enreden
en esta mierda.
Estos chicos pueden lastimarte.
Piensa.
Lo intento,
pero odiamos a esta gente.
Yo no los odio,
pero, tú sabes.
¿Qué gente?
¿Qué tienes en la mente?
– Conocí a este muchacha.
– ¿Sí? ¿ Y qué?
Me gusta y todo eso, pero…
no es blanca.
Es de la Avenida Webster.
– Es una muchacha de color.
– Sí.
¿Te gusta?
Sí, pero no quiero oír
a los muchachos.
Olvídate de ellos. La mitad
acabará muertos o en la cárcel.
A nadie le importa.
Lo único que importa
es lo que es bueno para ti…
y qué sienten
el uno por el otro.
Cuando estás solo,
tarde a la noche, en la cama…
sólo tú y ella
bajo las mantas…
eso es lo único que importa.
Tienes que hacer
lo que el corazón te dice.
Se te permiten sólo tres grandes
mujeres en tu vida.
Como los grandes boxeadores,
vienen una vez cada 10 años.
Rocky Marciano.
Sugar Ray Robinson. Joe Louis.
A veces las tienes a las tres
al mismo tiempo.
¿ Yo? Tuve a mis tres
cuando tenía 16 años. Sucede.
Así son las cosas.
¿Esta muchacha?
Quizás esta muchacha
impulse tus velas.
Quizás sea la primera
de las tres grandes.
Gracias, Sonny.
Creo que correré el riesgo.
– ¿Es buena gente?
– Recién la conocí. Eso espero.
Mañana te llevas mi auto.
– No se lo prestas a nadie.
– Te lo prestaré a ti.
Quiero que causes
una buena impresión.
Te llevas mi auto
y le haces la prueba.
¿La “prueba de Mario”?
Mario es un sicópata.
¿Por qué lo escuchas?
Le haces mi prueba,
la prueba de la puerta.
– ¿Qué es eso?
– Escúchame.
Detienes el auto
donde está ella.
Antes de salir del auto,
trabas ambas puertas.
Sales del auto,
te acercas a ella.
La acompañas hasta el auto.
Sacas la llave, abres,
le abres la puerta a ella.
La haces entrar.
Luego le cierras la puerta.
Caminas por atrás del auto y
miras por la ventana de atrás.
Si no se estira para levantar
el botón de tu lado…
para que puedas entrar,
olvídala.
– ¿Así de simple?
– Escúchame, muchacho.
Si no se estira, no levanta
ese botón para que entres…
significa que es
una mujer egoísta…
y lo único que ves es
la punta de un bloque de hielo.
Déjala enseguida.
¿ Y todas esas cosas hermosas
que acabas de decirme?
Hacer lo que el corazón me diga.
Encontrar alguien que impulse
mis velas. Podría ser ella.
Tonterías, muchacho.
La prueba de la puerta vale.
La dejas y la dejas enseguida.
– ¿La dejo?
– Déjala.
¿La dejo?
– Papá. ¿Puedo preguntarte algo?
– Sí.
Necesito tu opinión. ¿Conoces
a Joey Osso de la otra cuadra?
Me pregunto qué opinaría si él
saliera con una chica de color.
– ¿Qué opinas tú?
– ¿Joey no encuentra una blanca?
Esa no es una buena respuesta.
¿Cuál es el problema?
Yo me llevo bien con todos
en el autobús…
pero cuando se trata de casarse,
hay que casarse con lo de uno.
– Sabes que no soy prejuicioso.
– No me digas eso. Sí lo eres.
¿Qué dirías si yo quisiera
salir con una chica de color?
Jamás harías eso.
Nunca se sabe. Esta muchacha
puede ser una de las grandes.
Sólo se te permiten tres grandes
mujeres en tu vida.
– ¿Quién te dijo eso?
– Joey Osso.
– ¿Joey Osso?
– Sí.
Dile que, a veces,
en el furor de la pasión…
la cabeza chiquita le dice
a la grande qué hacer…
y la cabeza grande
debe pensarlo dos veces.
Está bien.
Ten cuidado.
– ¿Estás bien?
– No.
A mi hermano lo golpearon
en tu barrio.
¿Qué dices?
Ayer unos italianos golpearon
a mi hermano en tu barrio.
– ¿Qué tiene que ver eso conmigo?
– ¿Estabas ahí?
– No, no estaba.
– Por favor, no me mientas.
Te estoy diciendo la verdad.
No estaba ahí.
Veremos quién está mintiendo.
Mi hermano está en el auto.
Le dije que salía
con un italiano, así que vino.
Te reconoció y dijo
que tú lo golpeaste.
– Tú le hiciste eso en la cara.
– Yo no toqué a tu hermano.
Créeme.
Está bien, veremos.
Aclararemos esto ahora mismo.
Sí, es él.
– Tú me hiciste esto.
– Yo no hice nada…
– ¡Sí, fuiste tú!
– Yo no.
– ¿Estás seguro que era él?
– ¡Absolutamente!
No le creas. Yo no lo toqué.
– ¿Entonces estabas ahí?
– Pero no hice nada.
– Créeme.
– ¡Dijiste que no estabas ahí!
Fueron los otros.
Yo traté de ayudarlo.
– ¿Cómo se me puso el ojo así?
– ¡Yo traté de ayudarte!
– ¡Mentira, viejo!
– Sabes que yo no hice nada.
– ¿Por qué estabas encima mío?
– ¡Fueron los otros!
– ¡Fuiste tú!
– Fui el único que te ayudó.
¿Así me pagas el favor?
¡Vete al carajo!
¡AI carajo, viejo!
¡Yo no hice nada!
¡AI carajo, negro de mierda!
¿ Ves lo que te digo?
¡ Es igual a los demás!
¿Por qué volviste tan pronto?
Las llaves están en el auto.
Tengo que irme.
Espera. Ven aquí.
¿Qué sucedió?
No resultó. Es todo.
Tengo que irme.
– ¿Qué sucedió con la muchacha?
– Todo salió mal.
¿Quieres ir al hipódromo?
No, no quiero hablar.
Tengo que irme.
¿Estás seguro, C?
– Ven.
– La próxima vez, Sonny.
Vamos.
Lleva mi auto.
Bobby, tú manejas.
Está bien, Sonny.
¿Por qué manejabas
el auto de Sonny?
– ¿De qué hablas?
– Te vi manejando su auto.
– No quiero que hagas eso.
– No quiero oír esto.
No me importa. Ya hablamos
sobre esos motociclistas…
y esa pelea en el bar.
No te quiero en ese bar.
¿Quieres que me escape?
¿Que crean que no tengo corazón?
¿Crees que les importa? ¿Por qué
crees que eres tan especial?
– No conoces a Sonny.
– Sé cómo piensa.
Si fastidias las cosas,
te lastimará como a cualquiera.
– Sonny confía en mí.
– El no puede confiar en nadie.
Cuanto antes lo sepas, mejor.
La gente no lo respeta.
Le temen.
Hay una gran diferencia.
¿Quieres ser alguien?
Sé alguien que trabaja
y se preocupa por su familia.
Eres mi único hijo.
Quiero lo que es mejor para ti.
Lo más triste en la vida
es el talento desperdiciado.
– No quiero oír esto.
– Vas a oírlo.
Puede que yo no tenga dinero,
que no tenga un Cadillac…
pero no tengo que caminar
mirando para atrás.
No debo responderle a nadie.
Mis padres vinieron sin nada…
Y murieron sin nada.
¡ No te atrevas a faltar el
respeto a tus abuelos! ¿Me oyes?
Y estás equivocado. Trataron
de darme una vida mejor.
– Estoy tratando de…
– ¿Qué vida mejor?
¡ No tenemos auto!
¡ No tenemos nada!
No te desquites conmigo porque
eres un conductor de autobús.
¡ El hombre trabajador
es un tonto!
Eh, C. Mira lo que estos negros
cabrones le hicieron al club.
Cómo se atreven.
¿Tirar huevos a nuestro club?
Entra al auto.
Vamos a joderlos.
Entra al auto.
¡Sonny y Jimmy!
¡Ay, carajo! ¡Atrás!
¡Vámonos de aquí!
¿Qué sucede?
Cuando te llevaste mi auto,
¿adónde fuiste?
Fui a buscar a Jane. ¿Por qué?
¿Realmente había una Jane?
Sonny, ¿qué pasa?
Después que dejaste el auto,
no arrancó.
Encontramos algo en el motor.
No explotó.
¡ Dime cómo llegó eso ahí
y adónde fuiste con mi auto!
Recogí el auto, fui directamente
a la escuela…
y trabé las puertas
como me dijiste.
¡ No me mientas!
¿Adónde fuiste con mi auto?
¡ No hice nada! ¡Lo juro!
– ¡No me mientas!
– ¡No hice nada!
¡ Lo juro, fui a la escuela
y eso fue todo!
¡Te juro por Dios!
¿Por qué te haría yo algo malo?
¡ Has sido como un padre para mí!
¿Calogero? ¡Eh!
– ¿Qué pasó con mi hijo?
– Ve a manejar tu autobús.
– ¡No me digas qué debo hacer!
– ¡Tranquilo!
¡Tócame y te entierro!
La próxima vez, averigua qué
sucede antes de abrir la boca.
Ven aquí.
¿Qué ocurrió contigo y Sonny?
Nada.
¿De dónde sacaste este auto?
No te preocupes.
Lo tomamos prestado.
¡Más despacio!
No quiero que nos arresten
antes de llegar.
Lo sé. Soy muy buen conductor.
Es un auto robado.
Baja la velocidad.
Sé lo que hago.
No te preocupes.
¿Qué es ese olor?
Le preparamos un cóctel
a esos negros.
Mira estas bellezas.
Vamos a enseñarles una lección.
– Vamos a terminar el trabajo.
– Por tirar huevos al club.
Ralphie, toma ésta.
¿Por qué no me das la grande?
¡Toma eso y cállate!
¡Voy a matar a estos cabrones!
¡ Los odio! ¡Voy a matarlos!
¿Qué estás haciendo?
¿Enciendes un cigarrillo?
– Tranquilo.
– Tenemos los cócteles aquí.
Tranquilo. Sé lo que hago.
No veo la hora de verle la cara
a esos hijos de puta.
No veo el momento.
Estaban sonriendo. Yo también,
pero por dentro estaba muriendo.
Quería irme,
pero no podía salir del auto.
¿Qué iba a decir?
“Déjenme salir. Tengo miedo”.
Más vale que uses ese revólver.
Jamás podría regresar
a ese barrio.
Me llamarían “punk”,
perro, vagabundo.
Dirían que no tengo corazón.
Oía la voz de mi padre en
mi cabeza. “No lo hagas, hijo.
Esta gente te lastimará.
No desperdicies tu talento”.
Luego oía la voz de Sonny.
“Ten cuidado, C. No la pierdas.
Mantén la cabeza”.
Alguien jaló la cadena
y me iba por las cloacas.
¿Quieren tirar huevos
en nuestro club?
Les daremos una gran sorpresa.
C, sal del auto.
– El está con nosotros.
– No te metas. Sal del auto.
Vamos. Está con nosotros.
Vamos. Rápido.
No se acerquen a este muchacho.
No puedo creerlo.
¿Ni siquiera confías en mí?
Escucha.
No es que no confíe en ti.
No te escucharé. Ni siquiera
crees que había una Jane.
¿No podía estar en el auto
cuando fui a buscarlo?
Jane y yo podríamos
haber muerto. ¿No se te ocurrió?
¿No confías en nadie?
Es una manera terrible de vivir.
Para mí, es la única manera.
No para mí.
No para mí.
C, una negra muy bonita estuvo
recién aquí preguntando por ti.
– ¿Recién se fue?
– Si te apuras, la alcanzarás.
– Ven aquí.
– Ya te dije.
¿Quieres que vaya a buscarlo?
No, déjalo en paz.
Mi hermano me dijo la verdad.
Tú trataste de ayudarlo.
Te lo dije.
Lo sé.
Pero se desquitó contigo.
Está bien.
Comprendo cómo se sentía.
Me alegra que lo entiendas.
¡ No se meta en lo que no
le importa! ¡Entre a la casa!
Deja que miren.
Dame la mano.
Dame la mano.
– Me alegra que vinieras.
– Te eché de menos.
Y yo a ti.
Creo que eres hermosa.
No sigas.
No, es verdad.
Quiero estar contigo
y no importa lo que digan.
¿Me das un beso?
Claro.
Eso no es un beso.
Esto es un beso.
¿Sabes hacer salsa?
¿Qué?
Tú sabes, salsa para macaroni.
Cállate.
Realmente lamento mucho
lo que ocurrió.
– Mi hermano no actuó de mala fe.
– ¿Dónde está tu auto?
¡ Dame las llaves!
¡Tenemos que irnos!
– ¿De qué hablas?
– Tenemos que llegar.
Sabía que tú eras
una de las grandes.
¿ Una de las grandes?
¿De qué hablas?
No importa.
Es una cosa de italianos.
Apúrate. Gira aquí.
Ve por adelante.
¿Qué están haciendo
en nuestro barrio?
¡Salgamos!
Tengan cuidado, muchachos.
– ¿Qué ocurre?
– ¿Qué sucedió?
Cuatro muchachos blancos
acaban de explotar.
Willy, ¿estás bien?
Sí, estoy bien.
Empezaron como blancos.
Ahora están tostados.
Se ven mejor ahora, ¿verdad?
¡ Dejaron algo para ti
en el baúl! Echa un vistazo.
¡Sal de nuestro barrio!
¡Condenado cabrón maricón!
¡ No digas nada, viejo!
¡Sal del barrio!
A veces, cuando pienso en eso…
no sé si debiera sentirme
feliz o triste.
Feliz porque estaba vivo…
o triste porque
mis amigos estaban muertos.
Pero sabía una cosa:
estaba agradecido.
Agradecido a Sonny.
Escucha, Jane, tengo que irme.
– ¿Estás bien?
– Sí, viejo.
– Oye, lo siento.
– ¡Cabrón amante de negros!
Tú no entiendes.
Yo estaba en ese auto.
Vete. Los muchachos
están enloqueciendo.
¿Qué estás mirando?
¡AI carajo esa perra también!
Vete.
¡Sal del barrio, carajo!
El me salvó la vida.
Tenía que decírselo.
Quería agradecerle a Sonny.
El me salvó la vida.
C, te lo juro,
mi abuela todavía está enferma.
Te daré los $20
la semana próxima.
¡Olvídate de los 20!
– ¿Sabes dónde está Sonny?
– ¡No me importa dónde esté!
¡ Estoy perdiendo!
¿Por qué me fastidias?
Está adelante.
Dejen pasar a mi muchacho.
Ven aquí.
Lo único que podía ver
era sus caras sonrientes.
De pronto, entre todas
estas caras sonrientes…
había un rostro en particular.
No entendía por qué no podía
quitarle los ojos a esta cara…
y entonces me di cuenta:
él no estaba sonriendo.
Lo único que podía ver
era a este hombre…
y nadie, excepto yo,
podía verlo.
¡Ven, C!
¡Ven aquí!
¡ Llamen una ambulancia!
El hombre que mató a Sonny era
hijo del hombre que él mató…
ocho años atrás
frente a mi casa.
Había flores por todas partes.
Los gángsters tienen debilidad
por las flores.
Creen que el que envía
el arreglo más grande…
es el que más cariño demuestra.
– John y Anthony de Detroit.
– ¿Cómo están?
¿ Viste cómo lo mataron?
Era tal como Sonny dijo
que sería.
A nadie le importa.
A nadie le importa.
Lo siento,
pero tenemos que cerrar.
¿Me permite unos minutos más?
Está bien.
Estaré en mi oficina.
¿Cómo estás, Sonny?
No tan bien, ¿eh?
Ella pasó la prueba.
Eso es lo que quería decirte.
Tal vez sea la primera
de mis grandes.
Voy a salir con ella.
Gracias por ayudarme.
Gracias por salvarme la vida.
Nunca tuve oportunidad
de decírtelo.
Todos murieron. “Brillantina”,
Aldo, Mario, Ralphie.
Todos.
Lo siento. Creí que estaba solo,
estaba pensando en voz alta.
Está bien. Es comprensible.
Este es un gran hombre.
Me salvó la vida.
¿Eres el hijo de Lorenzo,
el conductor del autobús?
– C, ¿verdad?
– Sí.
Sonny me habló de ti.
Lo siento, pero ni siquiera
sé quién es usted.
Mi nombre es Carmine.
Nos conocimos hace mucho tiempo,
Sonny y yo.
El me salvó la vida a mí también
una vez.
No te acuerdas, ¿verdad?
¿Hace muchos años?
¿Delante de tu casa?
¿No te acuerdas de esto?
Eres el que recibió el golpe
con el bate de béisbol, ¿sí?
Sí, me acuerdo.
Yo estaba ahí.
Vi todo el asunto.
Lo sé, muchacho.
Sonny me dijo lo que hiciste.
No estuve por aquí…
pero estaré en el barrio
ocupándome de las cosas.
Si necesitas algo,
ven a verme en el bar, ¿bueno?
Creo que me alejaré del bar por
un tiempo, pero gracias igual.
Está bien. Comprendo.
¿Esa pelea fue realmente por
el espacio de estacionamiento?
No te olvides.
Si necesitas algo, ven a verme.
– Lo que sea.
– Está bien.
Adiós, muchacho.
Papá, ¿qué haces tú aquí?
Vine a presentar mis respetos
a tu amigo.
– ¿Estás bien?
– Sí.
Lo siento si alguna vez
te lastimé.
Está bien.
Todo va a estar bien.
Quiero agradecerte por salvarle
la vida a mi hijo.
Nunca te odié. Creo que…
estaba enojado contigo porque
lo hiciste crecer rápido.
Que Dios se apiade de tu alma.
Esperaré aquí.
¿Oíste eso?
Mi padre no te odiaba.
A nadie le importa, ¿eh?
Estabas equivocado en eso.
Talento desperdiciado.
Nos vemos.
Vamos a casa, hijo.
Sonny y mi padre
siempre decían…
que cuando fuera mayor
comprendería.
Bueno, finalmente comprendí.
Aprendí algo
de estos dos hombres.
Aprendí a dar y recibir amor
en forma incondicional.
Simplemente debes aceptar
a la gente por lo que son.
Y aprendí el don
más importante de todos.
Lo más triste que hay en la vida
es el talento desperdiciado.
Y las elecciones que haces
moldearán tu vida para siempre.

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